Nicaragüenses encuentran solidaridad en Costa Rica

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Foto: Ileana Álvarez

 

Por: Ileana Álvarez

Desde nuestra revista Alas Tensas, hemos tenido oportunidad de solidarizarnos con la situación de mujeres y hombres de Nicaragua que, en la actual crisis humanitaria por la que atraviesa este país, buscan asilo en Costa Rica.

Cuando el pasado verano asistíamos a un taller de periodismo multimedial en San José, nos hallamos, inesperadamente, en el vórtice del drama. Vimos con estupor una manifestación xenófoba, algo inédito en una nación caracterizada por un ambiente político tradicionalmente estable, aunque impactada en los últimos tiempos por el éxodo de quienes escapan del gobierno de Daniel Ortega.

En pocas horas, las mismas calles de San José se convirtieron en el escenario de una respuesta desde el lado opuesto de la sociedad tica. Muchas personas se movilizaron aceleradamente para lanzar, al mundo, pero en especial a los inmigrantes, un mensaje solidario. Y las mujeres, tanto de Nicaragua como de Costa Rica, fueron protagonistas en esta marcha contra la xenofobia. Sus voces y brazos se unieron, con cantos y carteles como “Mi Matria no tiene fronteras”.

Vivíamos una experiencia única, y no quisimos desaprovecharla. Por eso, junto a otros dos periodistas y videastas presentes en el taller (Oneyda González y Anderlay Guerra), nos propusimos documentar los hechos. Nuestros asombros y nuestro trabajo se resumen en este video. Colaboración publicada en la revista Niú de Nicaragua.

Es el testimonio de dos jóvenes nicas, Cindy Regidor y Harvin Meléndez, en busca de refugio. Y también, la conmovedora acogida de quienes les abren las puertas.

 

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Guisela López: El feminismo empieza por nosotras mismas

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Guisela López al centro. Fotos: cortesía de la entrevistada.

Por: Juventina Soler Palomino

A Guisela López la conocí hace algunos años cuando la amiga común Gladys Tobar nos presentó en la Universidad San Carlos de Guatemala, en aquel entonces supe que era una activista feminista y responsable de la Cátedra “Alaíde Foppa”. Recuerdo que, en aquel entonces, y en el marco de un evento literario en que presentaba mis libros a estudiantes y profesores de la Universidad, me explicaron brevemente el trabajo que desarrollaba la Cátedra hacia dentro y fuera del ámbito académico. Pero, dada la fuerza que el feminismo ha tomado en toda Latinoamericana, y el interés que en nuestro país está generando, me interesaba conocer con mayor amplitud cuáles son las características de este movimiento en el contexto específico de Guatemala. Creo que conocer experiencias feministas de otros países, siempre puede enriquecer la experiencia cubana.

Guisela, ¿por qué decides integrarte al movimiento feminista guatemalteco?

Bueno, la historia atraviesa varias latitudes, conocí el feminismo durante mi estancia en México, a través del proceso de creación de la obra de teatro “De oruga a mariposa”, sobre la situación de las centroamericanas en el refugio. Luego integramos colectivos de reflexión feminista con centroamericanas, mexicanas y feministas de otras latitudes. Mi primer espacio fue el colectivo “Otras miradas, otros haceres”. Fui integrante del Comité Organizador del VI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe realizado en Costa del Sol, El Salvador, en 1993. Posteriormente participé en el colectivo “Feminismos próximos”. Cuando regresé a Guatemala, me integré al “Conversatorio feminista” convencida de la necesidad de sumar esfuerzos, desde las mujeres, para transformar un mundo desigual y excluyente. Y posteriormente he participado como fundadora de espacios de reflexión feminista desde el arte como la Colectiva de Mujeres en las Artes (2001); el Seminario de Literatura Feminista y Ciudadanía (2009) y la Cátedra “Alaíde Foppa” (2011).

¿Cómo surge el movimiento feminista en Guatemala y su impacto en la sociedad?

Creo que los primeros antecedentes se asocian a la obra de algunas escritoras que inician el debate en torno al sufragio femenino, que en Guatemala se alcanzó en 1945. Leer más “Guisela López: El feminismo empieza por nosotras mismas”

¿Quiénes son Nadia Murad y Dennis Mukwege?

Por: Irela Casañas

«Mucha gente pequeña, que, en muchos lugares pequeños, 

hace muchas cosas pequeñas, pueden cambiar la cara del mundo».

Escrito sobre el muro de Berlín

 

Y sí que pueden, y no solo la cara, sino también la visión que otras personas tienen sobre el mundo y sobre sí. Ayudan a que los demás dejen el adormecimiento, la conformidad, el victimismo… pues ellos ya rechazan esos lastres y trabajan para demostrarle a los otros cuánto potencial poseen para recuperarse y continuar. La activista yazidí Nadia Murad y el ginecólogo congoleño Denis Mukwege, hoy por hoy, son dos de las personas más célebres que comenzaron haciendo «cosas pequeñas», que, a la larga, han terminado siendo colosales, al punto de que ambos han sido galardonados con el Premio Nobel de la Paz 2018.

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Nadia Murad al volver a su pueblo tres años después de ser secuestrada por el ISIS (Estado Islámico).

Nadia. Su espíritu fuerte

Nadia Murad pasó tres meses como esclava sexual. Antes de eso siempre vivió en una aldea llamada Kojo, en la región de Sinjar, al noroeste de Irak. A sus diecinueve años llevaba una vida tranquila de joven campesina, terminaba sus años de instituto y ayudaba a su numerosa familia en las tareas cotidianas. En agosto de 2014 el autoproclamado Estado Islámico entró en su aldea y asesinó a todos los hombres. Con las mujeres no fue igual, asesinaron a las que tenían más de cuarentaicinco años. En esa masacre murieron seis de los hermanos de Nadia, y también su madre. A los niños los llevaron consigo con el objetivo de reclutarlos. A las niñas y mujeres jóvenes, también las dejaron vivas, pero, con el objetivo de convertirlas en esclavas sexuales. Una vez más, la violación sería usada como arma de guerra.

Leer más “¿Quiénes son Nadia Murad y Dennis Mukwege?”

Machismo nuestro de cada día

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Fotografía: Ileana Álvarez

 

Por:  Verónica Vega

A una amiga su pareja le cayó a golpes en plena calle, en presencia de varios conocidos. Solo uno de ellos reaccionó con justa indignación, defendiéndola.

El resto asumió que no era su asunto. Porque “entre marido y mujer nadie se debe meter…”, porque, “y si luego ella vuelve con él, ¿te imaginas?, me busco un problema por gusto”.

Al parecer, un acto de evidente injusticia teniendo en cuenta la ventaja corporal del hombre (notoria en el caso de la joven agredida), se vuelve difusa cuando hay una relación sexual de por medio. Y el sentido, ya no de solidaridad sino de compasión, se enturbia o se paraliza. Leer más “Machismo nuestro de cada día”

La madre americana de la guerrillera

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Ilustración de Michel Moro para Alas Tensas

Por: José Abreu Cardet (Historiador)

“Mami y papi… yo pertenezco al 26 de julio y tengo que cumplir una misión…quizás venga pronto, pero quizás sí me tarde algunos días, un mes; hasta que no cumpla la misión no puedo venir.” Asombro causó en los padres de la muchacha cuando leyeron la carta. Es posible que se sintieran embargados por cierto sentido de ingenuidad que encerraban aquellas palabras. Habían sido redactadas por una joven que, en el momento de escribirlas, en 1958, cumpliría los 16 años.

Hilda Torres Bacallao había nacido en la ciudad de Holguín, el 18 de noviembre de 1942, en un humilde hogar. Aspiraba a estudiar música, pero la situación de su familia no era favorable para tales sueños. Se vio obligada a tomar un curso de corte y costura para aprender a hacer ropa femenina y ayudar a sus padres.

En Cuba se desarrollaba para la fecha una intensa lucha contra la dictadura de Batista. Se incorporó al movimiento clandestino “26 de Julio”. Muy pronto pudo cumplir su aspiración de unirse a las guerrillas que combatían contra la tiranía. Fue incluida en las filas de los rebeldes que peleaban en la zona de Guantánamo bajo el mando del comandante Félix Pena. El 6 de diciembre de 1958 estaba limpiando su fusil cuando se escapó un disparo que le destrozó el páncreas. La herida era muy grave, por lo que sus compañeros decidieron llevarla a la Base Naval de Guantánamo. En un jeep, acompañada por tres guerrilleros, dos mujeres y un hombre, emprendieron el camino. Leer más “La madre americana de la guerrillera”

Violencia y arte en Tierra de sombras, una novela de Elizabeth Kostova

 

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Foto: Jesús Barrera (http://elcorreoweb.es)

Por: Ana Rivero

A la escritora estadounidense Elizabeth Kostova le tomó ocho años escribir la novela Tierra de Sombras, pero, a cualquiera que inicie su lectura,   no le tomará más de tres días terminarla, así de intrigante es la historia contenida en sus casi 500 páginas y desarrollada, mayormente, en Bulgaria. “Sofía, año 2008. Mes de mayo, un tiempo primaveral intachable y la diosa del Capitalismo sentada sobre su trono chabacano y raído”, así inicia el libro, enseguida se nos presenta Alexandra Boyd, una joven escritora de Carolina del Norte que decide establecerse en Bulgaria para aliviar el dolor que siente por la pérdida de su hermano mayor. Con una maestría narrativa que encanta, utilizando capítulos cortos que condensan o dilatan el suspense a placer, la autora logra que se toquen dos mundos dispares: el de la joven Alexandra y el de Stoyan Lazarov, un músico que entre 1949 y 1953 es recluido en uno de los campos de trabajos forzados de la Bulgaria comunista.

Apenas Alexandra pone los pies en Sofía, empiezan los problemas: accidentalmente se queda con una bolsa que contiene las cenizas de Stoyan Lazarov. En su afán por encontrar a los familiares del señor Lazarov, y ayudada por Bobby, un taxista muy singular (exdetective, poeta, activista a favor de la ecología…) Alexandra recorre varios pueblos de Bulgaria. En su recorrido logra conocer parte importante de la historia de ese país, pues, al hallar a amigos y parientes de Lazarov, se descubren las circunstancias políticas bajo las cuales el violinista fue apresado. Circunstancias difíciles e ilógicas, no lo suficientemente dispares a las que en 2008 hacen que la familia del músico se vea amenazada por algunos hombres poderosos que no desean que las memorias que narran lo vivido en el campo de trabajos forzados se den a conocer a la opinión pública. Imposible contar más. Leer más “Violencia y arte en Tierra de sombras, una novela de Elizabeth Kostova”

Acoso sexual callejero en Cuba: ¿qué podemos hacer? 

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Caricaturas, canciones y otras manifestaciones culturales cubanas, tienden a naturalizar el acoso sexual, las demostraciones de machismo, como si fueran pruebas de mayor “cubanía”.

Por: Lucía Suárez

Es de mañana, camino por una cuadra en la que por lo general a esa hora son escasos los autos y los transeúntes, a mi derecha veo un jardín maltratado, pues está lleno de escombros, montones de arena, sacos de cemento… hay una obra en construcción. Sigo, a unos cuatro metros de mí un hombre apura el paso y pega su cuerpo a la verja, es un albañil, me mira y sonríe. No lo conozco. Cambio de acera. Él empieza a hacer un sonido parecido al que hacen los chorros de agua cuando se rompe una tubería, algo como psst, psst, y me dice que por qué me fui, si él no muerde. Sigo mi camino, él queda atrás murmurando sabe Dios qué cosas. Lo que acaba de suceder no ha sido nada comparado con otras vivencias que he tenido. Pero ha sido. Tuve que cambiar de acera y ya sé que hasta que no terminen la obra no debo andar por allí.

H es más audaz. En una ocasión un anciano la siguió y le fue diciendo obscenidades hasta que ella lo encaró de repente y le aclaró, con palabras nada cultas (tal como las que empleaba su acosador) que si ella accedía a que tuvieran sexo él no iba a durar más, pues su corazón no resistiría y moriría de un infarto. El anciano se sintió ofendido. ¡H osaba faltarle el respeto! Así que dejó de expresar sus ganas de dormir con H y pasó a otra clase de violencia verbal.

Y así, in crescendo, una tarde C se dirigía a sus clases en la universidad, el transporte público iba, como siempre, atestado, dice C que ella estaba muy pendiente de su bolso para evitar a los carteristas, muy pendiente de mantener el equilibrio entre tanta gente, anhelante de llegar a su parada de una buena vez. C no estaba pendiente del hombre que, pegado a ella, Leer más “Acoso sexual callejero en Cuba: ¿qué podemos hacer? “