La madre americana de la guerrillera

Michel-Moro
Ilustración de Michel Moro para Alas Tensas

Por: José Abreu Cardet (Historiador)

“Mami y papi… yo pertenezco al 26 de julio y tengo que cumplir una misión…quizás venga pronto, pero quizás sí me tarde algunos días, un mes; hasta que no cumpla la misión no puedo venir.” Asombro causó en los padres de la muchacha cuando leyeron la carta. Es posible que se sintieran embargados por cierto sentido de ingenuidad que encerraban aquellas palabras. Habían sido redactadas por una joven que, en el momento de escribirlas, en 1958, cumpliría los 16 años.

Hilda Torres Bacallao había nacido en la ciudad de Holguín, el 18 de noviembre de 1942, en un humilde hogar. Aspiraba a estudiar música, pero la situación de su familia no era favorable para tales sueños. Se vio obligada a tomar un curso de corte y costura para aprender a hacer ropa femenina y ayudar a sus padres.

En Cuba se desarrollaba para la fecha una intensa lucha contra la dictadura de Batista. Se incorporó al movimiento clandestino “26 de Julio”. Muy pronto pudo cumplir su aspiración de unirse a las guerrillas que combatían contra la tiranía. Fue incluida en las filas de los rebeldes que peleaban en la zona de Guantánamo bajo el mando del comandante Félix Pena. El 6 de diciembre de 1958 estaba limpiando su fusil cuando se escapó un disparo que le destrozó el páncreas. La herida era muy grave, por lo que sus compañeros decidieron llevarla a la Base Naval de Guantánamo. En un jeep, acompañada por tres guerrilleros, dos mujeres y un hombre, emprendieron el camino. Leer más “La madre americana de la guerrillera”

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Violencia y arte en Tierra de sombras, una novela de Elizabeth Kostova

 

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Foto: Jesús Barrera (http://elcorreoweb.es)

Por: Ana Rivero

A la escritora estadounidense Elizabeth Kostova le tomó ocho años escribir la novela Tierra de Sombras, pero, a cualquiera que inicie su lectura,   no le tomará más de tres días terminarla, así de intrigante es la historia contenida en sus casi 500 páginas y desarrollada, mayormente, en Bulgaria. “Sofía, año 2008. Mes de mayo, un tiempo primaveral intachable y la diosa del Capitalismo sentada sobre su trono chabacano y raído”, así inicia el libro, enseguida se nos presenta Alexandra Boyd, una joven escritora de Carolina del Norte que decide establecerse en Bulgaria para aliviar el dolor que siente por la pérdida de su hermano mayor. Con una maestría narrativa que encanta, utilizando capítulos cortos que condensan o dilatan el suspense a placer, la autora logra que se toquen dos mundos dispares: el de la joven Alexandra y el de Stoyan Lazarov, un músico que entre 1949 y 1953 es recluido en uno de los campos de trabajos forzados de la Bulgaria comunista.

Apenas Alexandra pone los pies en Sofía, empiezan los problemas: accidentalmente se queda con una bolsa que contiene las cenizas de Stoyan Lazarov. En su afán por encontrar a los familiares del señor Lazarov, y ayudada por Bobby, un taxista muy singular (exdetective, poeta, activista a favor de la ecología…) Alexandra recorre varios pueblos de Bulgaria. En su recorrido logra conocer parte importante de la historia de ese país, pues, al hallar a amigos y parientes de Lazarov, se descubren las circunstancias políticas bajo las cuales el violinista fue apresado. Circunstancias difíciles e ilógicas, no lo suficientemente dispares a las que en 2008 hacen que la familia del músico se vea amenazada por algunos hombres poderosos que no desean que las memorias que narran lo vivido en el campo de trabajos forzados se den a conocer a la opinión pública. Imposible contar más. Leer más “Violencia y arte en Tierra de sombras, una novela de Elizabeth Kostova”

Acoso sexual callejero en Cuba: ¿qué podemos hacer? 

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Caricaturas, canciones y otras manifestaciones culturales cubanas, tienden a naturalizar el acoso sexual, las demostraciones de machismo, como si fueran pruebas de mayor “cubanía”.

Por: Lucía Suárez

Es de mañana, camino por una cuadra en la que por lo general a esa hora son escasos los autos y los transeúntes, a mi derecha veo un jardín maltratado, pues está lleno de escombros, montones de arena, sacos de cemento… hay una obra en construcción. Sigo, a unos cuatro metros de mí un hombre apura el paso y pega su cuerpo a la verja, es un albañil, me mira y sonríe. No lo conozco. Cambio de acera. Él empieza a hacer un sonido parecido al que hacen los chorros de agua cuando se rompe una tubería, algo como psst, psst, y me dice que por qué me fui, si él no muerde. Sigo mi camino, él queda atrás murmurando sabe Dios qué cosas. Lo que acaba de suceder no ha sido nada comparado con otras vivencias que he tenido. Pero ha sido. Tuve que cambiar de acera y ya sé que hasta que no terminen la obra no debo andar por allí.

H es más audaz. En una ocasión un anciano la siguió y le fue diciendo obscenidades hasta que ella lo encaró de repente y le aclaró, con palabras nada cultas (tal como las que empleaba su acosador) que si ella accedía a que tuvieran sexo él no iba a durar más, pues su corazón no resistiría y moriría de un infarto. El anciano se sintió ofendido. ¡H osaba faltarle el respeto! Así que dejó de expresar sus ganas de dormir con H y pasó a otra clase de violencia verbal.

Y así, in crescendo, una tarde C se dirigía a sus clases en la universidad, el transporte público iba, como siempre, atestado, dice C que ella estaba muy pendiente de su bolso para evitar a los carteristas, muy pendiente de mantener el equilibrio entre tanta gente, anhelante de llegar a su parada de una buena vez. C no estaba pendiente del hombre que, pegado a ella, Leer más “Acoso sexual callejero en Cuba: ¿qué podemos hacer? “