Violencia y arte en Tierra de sombras, una novela de Elizabeth Kostova

 

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Foto: Jesús Barrera (http://elcorreoweb.es)

Por: Ana Rivero

A la escritora estadounidense Elizabeth Kostova le tomó ocho años escribir la novela Tierra de Sombras, pero, a cualquiera que inicie su lectura,   no le tomará más de tres días terminarla, así de intrigante es la historia contenida en sus casi 500 páginas y desarrollada, mayormente, en Bulgaria. “Sofía, año 2008. Mes de mayo, un tiempo primaveral intachable y la diosa del Capitalismo sentada sobre su trono chabacano y raído”, así inicia el libro, enseguida se nos presenta Alexandra Boyd, una joven escritora de Carolina del Norte que decide establecerse en Bulgaria para aliviar el dolor que siente por la pérdida de su hermano mayor. Con una maestría narrativa que encanta, utilizando capítulos cortos que condensan o dilatan el suspense a placer, la autora logra que se toquen dos mundos dispares: el de la joven Alexandra y el de Stoyan Lazarov, un músico que entre 1949 y 1953 es recluido en uno de los campos de trabajos forzados de la Bulgaria comunista.

Apenas Alexandra pone los pies en Sofía, empiezan los problemas: accidentalmente se queda con una bolsa que contiene las cenizas de Stoyan Lazarov. En su afán por encontrar a los familiares del señor Lazarov, y ayudada por Bobby, un taxista muy singular (exdetective, poeta, activista a favor de la ecología…) Alexandra recorre varios pueblos de Bulgaria. En su recorrido logra conocer parte importante de la historia de ese país, pues, al hallar a amigos y parientes de Lazarov, se descubren las circunstancias políticas bajo las cuales el violinista fue apresado. Circunstancias difíciles e ilógicas, no lo suficientemente dispares a las que en 2008 hacen que la familia del músico se vea amenazada por algunos hombres poderosos que no desean que las memorias que narran lo vivido en el campo de trabajos forzados se den a conocer a la opinión pública. Imposible contar más. Leer más “Violencia y arte en Tierra de sombras, una novela de Elizabeth Kostova”

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Pasión por Santana

Por: Erwin Caro Infante

El poeta Santana era mi ídolo. Podía imaginarlo en el último salón al lado del estante de literatura latinoamericana; detrás, una ventana inmensa por donde nunca entraba el sol, pero sí una claridad imprescindible. “Aquí estoy rodeado del espíritu de los poetas, cerca de sus libros, que son sus tumbas”, me decía mientras le llevaba un traguito de café; si no, “María, ¿no hay nada por ahí que me quite la penumbra de estos ojos?”, entonces yo, “Sí, Santana, siempre hay” y en mis manos iba la tacita de porcelana, él se quedaba mirándola cuidadosamente y después escribía. Claro, yo siempre amable, o mejor dicho feliz, porque si hay una cosa que una no debe permitirse nunca es pasar de un padre tirano a un esposo dictador, y soñar con un hombre que dice “Esta ciudad es como tus ojos navegando sobre la arena”. ¿El único consuelo?, la pregunta “¿Y la familia cómo está?”. Después, continuar con una conversación lógica, “Está usted inspirado hoy”, y evitar que las palabras dichas jamás vayan en contra de los preceptos de mi padre. “¡Una mujer se debe a su marido!” “Sí, papá”. “¡De esta casa no sales si no estás bien casada!” “¡Sí, papá, carajo!”, hubiera podido gritar, pero no, siempre fue la tímida respuesta, agachar la cabeza y mirar fijo al suelo. Leer más “Pasión por Santana”

Margaret Atwood, en la superficie de la palabra

Por: Masiel Mateos

Hace 26 años, cuando los libros alcanzaban apenas el valor de dos modestos pesos moneda nacional, adquirí el libro En la superficie, una novela de la entonces desconocida por acá Margaret Atwood. La recomendación no venía de un librero, ni de un escritor, mucho menos de un editor o un promotor; sino de un joven doctor residente en Psiquiatría: yo era su paciente, pues, en ese año, después de un intento de suicidio, debí someterme a un riguroso tratamiento psiquiátrico. El joven, que tiempo después emigraría tras ser perseguido por el odio contra la religión en que convirtiera su fe, sugirió el libro no por fines literarios, sino simplemente con estas palabras: “Déjate caer bajo el paisaje, toma la calma de ese bosque”. Según él me daba un libro de paz contra los intentos en mi sobredosis, un bosque contra lo nocivo de los altavoces, me daba la naturaleza para que mis ojos leyeran en los capítulos la existencia del bosque, los hachazos contra los troncos para hacer leños, las yerbas, lo bello de esos árboles gigantes tan escasos como las ballenas, como dice la protagonista.
Así Margaret y yo nos convertimos en la joven que regresa en busca del padre, por un bosque, hacia un lago, buscando su raíz, un origen que ha de perseguirle hasta la enajenación. Leer más “Margaret Atwood, en la superficie de la palabra”

Bajo velos oscuros se crisparon mis manos

Por: Ileana Álvarez

Este título lo tomé de un poema de Anna Ajmátova, de su libo Réquiem y otros poemas, publicado por la colección Mitos Poesía de la Editorial Mondadori. Por estos días amargos en que estoy siendo acosada por mi ideología feminista, he vuelto a muchos de esos libritos que me ayudaron a formar mi sensibilidad poética, y en especial he vuelto a Anna. Ella ha sido un alivio a mi tristeza y me ha evitado, como otras pequeñas cosas cotidianas, caer en la amargura y la desesperación.
Anna vio morir a su esposo, el también poeta Gumilev, fusilado porque fuera acusado de actividades contrarrevolucionarias, su último esposo (el historiador de arte Nikolái Punin) murió de agotamiento en un campo de concentración, mientras muchos de sus amigos fueron enviados a los gulags estalinianos o deportados. Durante diecisiete largos meses iba a hacer fila, todas las mañanas, frente a la cárcel de Leningrado, para ver a su hijo Lev, encarcelado en una de las purgas estalinistas. De esa experiencia dolorosa surgió Réquiem, y es curioso que brotase de un pedido en voz baja, cuando una de las madres que también esperaba para ver a su hijo la reconoció y le susurró al oído: “¿Y usted puede describir esto?” En un breve prólogo a Réquiem, cuenta Anna que le respondió: “Puedo”, y que “entonces algo como una sonrisa resbaló en aquello que una vez había sido su rostro”.

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Mujeres poetas: una fe en levantar montañas

Poetas
Composición de Yaudel Estenoz

Por: Ileana Álvarez

Cada mes la luna ejecuta la misma carrera que el sol en un año.
Cicerón

Amordazadas, no callaron jamás; dormidas, no dejaron de velar. Hicieron del silencio un silencio anterior, que es silencio latente, significante. Transmutaron en acto mágico, regenerativo, en lenguaje secreto, salvador, todo empeño por borrar su identidad. Transmitieron, obstinadas, ese vigor. Cada día era un combate contra el hastío y la cotidianidad, la blancura del papel, la imagen prisionera o la que escapa; cada gesto un desafío a la indolencia… La injusticia y la desesperanza no las aminoró. El hambre no las flaqueó. Ni en la modernidad más férrea, ni en esta posmodernidad alucinante que hoy les concierne, lo primitivo ha dejado de rumiarles. En cada mujer poeta hay un tigre presto a saltar, un signo que reafirma lo telúrico, una fe en levantar montañas.

A Safo, Sor Juana, Santa Teresa, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Elizabeth Barrett Browning, Luisa Pérez de Zambrana, Emily Dickinson, Delmira Agustini,  Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Anna Ajmátova, Marina Ivánovna Tsvetáieva, Dulce María Loynaz, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Fina García Marruz, Gloria Fuertes, y a otras quizás menos conocidas pero igualmente imprescindibles, el canon literario construido por el patriarcado ha intentado silenciar. Leer más “Mujeres poetas: una fe en levantar montañas”

Lo que hubo antes del happy-end: Big Eyes, un canto a la individualidad de la mujer

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Fotograma de la película Big Eyes

Por: Irela Casañas

I had a dream that I was fine
I wasn’t crazy, I was divine.
“I Can Fly”.
Lana del Rey

Artemisia Gentileschi, Georgia O’Keeffe, Tania Bruguera y Margaret Keane tienen algo en común: son mujeres artistas. Rectifico, tienen mucho en común, pues además de compartir género y profesión, enfrentaron diversos poderes para lograr llevar a cabo sus proyectos artísticos, que es lo mismo que decir sus proyectos de vida. En el caso de Margaret Keane, el enfrentamiento fue con su propio marido, ¿les suena? Y aunque Margaret se hizo famosa desde finales del siglo XX, el cineasta Tim Burton realizó un filme sobre su vida que la ha hecho aún más célebre. Por supuesto que se trata de Big Eyes, película protagonizada por Amy Adams y Christoph Waltz. Amy, maravillosa, con una voz flexible y una gestualidad medida, bien acoplada al perfil de víctima, pero sin aspavientos; Waltz, insoportable —como debe ser—, encarna un personaje teatral con una marcada histeria, es un actorazo. Leer más “Lo que hubo antes del happy-end: Big Eyes, un canto a la individualidad de la mujer”

Violencia de género en la narrativa cubana escrita por mujeres

Polina Martínez Shvietsova
Foto de Polina Martínez Shvietsova

Por: Leydi Vidal García

Son los oprimidos, o quienes asumen su causa y se enfrentan al poder, los que cambian el mundo.

No se trata de dejar de creer en las utopías, sino de que las utopías solo son llevadas a cabo por los que la necesitan: los marginados, los periféricos. Por tanto, serán ellos los protagonistas de las historias que nos cuentan los autores postmodernos.

La venganza de los oprimidos es burlar de forma subrepticia el sistema, conquistar un espacio privado, fuera de las leyes y las normas sociales. Por ello, la escritura de fines del siglo XX concedió a lo morboso en el erotismo una validez amparada en la pérdida de valores, en un vacío de sentimientos dejado por la negación sistemática de lo históricamente instituido como válido. Leer más “Violencia de género en la narrativa cubana escrita por mujeres”