Relojera sí, por qué no

Fotografía de Yaudel Estenoz

Por: Ileana Álvarez

Arreglar algo en Cuba es difícil. Sabes que no puedes botar nada porque mañana te puede hacer falta. Con el pasar de los días vas engrosando el cuarto de desahogo o el cajón de los trastes. Hasta que llega el momento en que la necesidad te impulsa a tratar de componer lo roto, aunque se te vaya el día.

En la calle Libertad está una de las principales vías de la ciudad de Ciego de Ávila, donde se anuncia: “Relojera”. Sí, relojera, no relojero, como dicen las personas que dan orientación si preguntas. Seis mujeres hacen fila: la mayoría de sus clientes son de sexo femenino. María del Carmen, la dueña de la relojería, piensa que se debe a que es la mujer quien se ocupa de llevar a arreglar los relojes, los espejuelos, los zapatos… y quizás también porque los hombres no confían tanto en las mujeres que desempeñan oficios tradicionalmente achacados a hombres.

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“Tenía que salir de mi casa”: una mujer cubana que dio un tirón de puerta

Diseño sin título
Aliusa Aguilar Rosales fotografiada por Juventina Soler.

Por: Juventina Soler Palomino

El espacio privado y su visualización desde los imaginarios femeninos es un aspecto fascinante de los estudios de género. A medida que ingreso en este terreno me doy cuenta de que existe efectivamente una (re)construcción de estos imaginarios, que, en Cuba, como país eminentemente patriarcal, se evidencia a cada paso de la mujer en su entorno.

En varios espacios que frecuento he escuchado la frase “quiero salir de mi casa”. Podría pensarse que quien lo dice está presa en su jaula de cristal o que no la dejan salir (todavía existen casos de mujeres a las que los hombres no las dejan salir de sus casas, en Cuba), y aquí viene mi asombro: son mujeres que tienen solvencia económica, y que ahora trabajan en el sector estatal, pero que laboraban en el sector de los cuentapropistas, o sector privado dentro del espacio de su propio hogar. No me fue difícil seguir observando atentamente las diferentes conversaciones, como quién no quiere las cosas, y llegar a descubrir a una de esas mujeres, pues la tenía muy cerca: ella es Aliusa Aguilar Rosales, abogada de profesión, aunque lo ejerció poco tiempo, y que ahora se desempeña como directora del Centro de Promoción Literaria “Juan Clemente Zenea” de la ciudad de Bayamo. Leer más ““Tenía que salir de mi casa”: una mujer cubana que dio un tirón de puerta”

El acoso es una forma de violencia. (Segunda parte: el acoso social)

FOTO PARTE 2 por Yaudel Estenoz
Leydi Vidal fotografiada por Yaudel Esténoz

Por: Leydi Vidal

Llegar a la universidad al fin significó, para mí, la posibilidad de no solo cumplir mis sueños profesionales sino escribir de otra manera mi historia en sociedad, empezar de cero y batallar contra mi timidez para incluirme en los grupos y ser aceptada, en medio de un contexto que debía serme mucho más favorable puesto que las personas a mi alrededor compartían muchos intereses y gustos parecidos. Claro, la cosa no es tan fácil así, puesto que también están los estereotipos sociales de femineidad a los cuales yo no me amoldaba ni me amoldo aún: el aspecto físico, pues seguía teniendo sobrepeso; el cómo me muestro al mundo, pues nunca he sido presumida ni doy demasiada importancia al maquillaje, la ropa de moda, o los accesorios “femeninos”; mis elecciones de vida, puesto que tuve pocos novios, y no tenía sexo por tener sexo como la mayoría de las de mi edad, por lo que fue a los 22 años que tuve sexo por primera vez; mi conducta personal, tímida, introvertida. No obstante, luché por lograrlo. Y cuando en 1998 logré quedarme en un convento de las Religiosas de María Inmaculada —quienes tienen como carisma a las jóvenes que se encuentran fuera de su entorno familiar por estudios o trabajo—, desde tercero a quinto año de mi carrera de Letras en la Universidad de La Habana, me sentí mucho más protegida. Leer más “El acoso es una forma de violencia. (Segunda parte: el acoso social)”

El acoso es una forma de violencia. (Primera parte: el acoso escolar)

FOTO PARTE 1 por Gilberto carlos Pérez Gómez (2)
Foto de Gilberto Carlos Pérez Gómez

Por: Leydi Vidal

Hay una parte de la violencia —contra cualquier ser humano, pero especialmente contra mujeres y niñas— que normalmente queda de lado cuando se tocan estos temas, y es el acoso; el acoso escolar, y también, para las mujeres adultas, el acoso social.

Mientras que muchos estudios abordan la problemática de la violencia de género —en todas sus variantes: feminicidio, homofobia, transfobia, etc.—, generalmente se mira con mucho menos énfasis el sufrimiento de esas personas que han sido atacadas y acorraladas muchas veces desde la más tierna infancia por sus coetáneos, por la sociedad en general, o incluso hasta por su propia familia, simplemente por no cumplir con los estereotipos sociales, o por ser diferente, “raro” según las convenciones que la mayoría sigue acerca de lo que debe ser percibido como “normal”. Yo soy una de esas personas, de esas que han tenido que sobrevivir y sobreponerse para avanzar y realizarse en su vida, y no terminarla antes de tiempo —camino que varias han tomado— o rendirse, dejar de luchar. Leer más “El acoso es una forma de violencia. (Primera parte: el acoso escolar)”

Domésticas en Cuba. Casas de Tarará

1-Foto-de-Francis-Sánchez
Foto de Francis Sánchez

Por: Yoe Suárez

Como de un pueblo fantasma parecen ciertas calles de la exburguesa Tarará, al este de La Habana. Muchas casonas de veraneo para los ricos de los 50 ahora duermen el sueño de la herrumbre y el abrazo de la maleza, que, en algunos casos, ha decidido hacer su lenta vida en los techos y paredes.

Este es el barrio (aislado, frente a una buena playa, con tantos amplios patios) que mejor podría contar este país. Cuba.

Las casas que dejaron atrás los ricos fueron expropiadas con la Revolución. Sirvieron como hospedajes en Palacio de los Pioneros. Más tarde fueron albergues para planes solidarios internacionalistas como el de los niños enfermos por el desastre de Chernobil. Ahora todo el lugar está en manos de los militares cubanos. Leer más “Domésticas en Cuba. Casas de Tarará”

Mujeres carboneras en Jardines del Rey

Carboneras
De arriba a abajo y de izquierda a derecha:   Reina Ferrer, Ana Ferrer, Carmelina Carrillo y Eloína Jiménez.

Por: Servando Carvajal Moreno

Acotación de Ileana Álvarez:
La historiografía cubana no le ha brindado la suficiente atención a la presencia de la mujer en la historia de Cuba, con la excepción de algunas figuras descollantes que tuvieron una participación activa en los principales acontecimientos políticos. El rostro de la mujer común no se ha traído como merece a los centros de discusión académicos. Un grupo de historiadores, muchos de ellos empíricos, con sus historias de vida de las mujeres anónimas cubanas, han intentado llenar este vacío. El relato de etapas y clases sociales marcadas por el sacrificio, el enfrentamiento a condiciones políticas injustas, donde la mujer jugó un papel importante, es necesario visualizarlo, darle vida a través de una narrativa histórica testimonial, enfocada, más que en datos, en la experiencia. Muchas caras, entre ellas las de las mujeres campesinas, faltan en el retrato colectivo de la nación. También existen y existieron, por ejemplo, las carboneras. Mujeres de caras tiznadas y pestañas chamuscadas por la candela, con la piel curtida bajo el sol, entre las picadas de mosquitos, el salitre y el hambre. Salieron al monte, se internaron en remotos pantanos, peleando por su vida y la de los suyos.
Este testimonio de Servando Carvajal sobre mujeres carboneras de la zona norte de la provincia de Ciego de Ávila, todas de más de noventa años, vivas hasta el momento, salva para nuestra historia la belleza y el sacrificio de singulares cubanas, como se aprecia en la memoria que hoy nos comparten. Leer más “Mujeres carboneras en Jardines del Rey”

Envejecer, la obra maestra de la vida

1. Mayra Rodríguez Mendoza. Foto de Yaudel Estenoz
Mayra Rodríguez por Yaudel Estenoz

Por: Yaudel Estenoz

Las arrugas deberían indicar simplemente dónde han estado las sonrisas.
Mark Twain

Mayra hoy va a llegar tarde al trabajo y aun así decide pasar por casa de mi amigo Ángel, que a pesar de estar absorbido en sus bebés jimaguas siempre encuentra tiempo para poner la cafetera. Yo estoy sentado y silencioso en una esquina mientras ella llega y toca, suavemente para no despertar a los niños, la campana que Ángel se ha obstinado en colgar a la entrada. Leer más “Envejecer, la obra maestra de la vida”