¿Quiénes son Nadia Murad y Dennis Mukwege?

Por: Irela Casañas

«Mucha gente pequeña, que, en muchos lugares pequeños, 

hace muchas cosas pequeñas, pueden cambiar la cara del mundo».

Escrito sobre el muro de Berlín

 

Y sí que pueden, y no solo la cara, sino también la visión que otras personas tienen sobre el mundo y sobre sí. Ayudan a que los demás dejen el adormecimiento, la conformidad, el victimismo… pues ellos ya rechazan esos lastres y trabajan para demostrarle a los otros cuánto potencial poseen para recuperarse y continuar. La activista yazidí Nadia Murad y el ginecólogo congoleño Denis Mukwege, hoy por hoy, son dos de las personas más célebres que comenzaron haciendo «cosas pequeñas», que, a la larga, han terminado siendo colosales, al punto de que ambos han sido galardonados con el Premio Nobel de la Paz 2018.

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Nadia Murad al volver a su pueblo tres años después de ser secuestrada por el ISIS (Estado Islámico).

Nadia. Su espíritu fuerte

Nadia Murad pasó tres meses como esclava sexual. Antes de eso siempre vivió en una aldea llamada Kojo, en la región de Sinjar, al noroeste de Irak. A sus diecinueve años llevaba una vida tranquila de joven campesina, terminaba sus años de instituto y ayudaba a su numerosa familia en las tareas cotidianas. En agosto de 2014 el autoproclamado Estado Islámico entró en su aldea y asesinó a todos los hombres. Con las mujeres no fue igual, asesinaron a las que tenían más de cuarentaicinco años. En esa masacre murieron seis de los hermanos de Nadia, y también su madre. A los niños los llevaron consigo con el objetivo de reclutarlos. A las niñas y mujeres jóvenes, también las dejaron vivas, pero, con el objetivo de convertirlas en esclavas sexuales. Una vez más, la violación sería usada como arma de guerra.

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La protectora de animales

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Por: Ileana Álvarez y Francis Sánchez

Diana Cary Ángelbello Álvarez (Ciego de Ávila, 1987) es protectora de animales: “Siempre pensé en tener un lugar para recoger esos animales que yo veía en la calle”. Diana vio en la televisión un documental sobre una mujer que en Colombia había logrado crear un Santuario y se dijo “bueno, a lo mejor no estamos locos”. Pensaba que era una locura, pero que se podía lograr si ponía empeño. “Empecé a atraer personas, a formar un grupo”.

La parte legal se le ha hecho difícil porque ya hay una Asociación Nacional de Protección a Animales y Plantas, se supone que deberían pertenecer a esta Asociación. Diana hizo varios pedidos para legalizar su refugio, pero no tuvo respuesta. Decidió crear un Refugio donde había existido siempre la llamada Perrera, un centro de matanza. Allí llevan a todos los animales que recogen en la calle. “Pero me dijeron que, si yo hacía eso, le cambiaría el fin a ese centro laboral. Y yo les respondí: pero, entonces, ¿cuál es el fin de ustedes, matarlos? El Director de Higiene me dijo que yo estaba medio loca, que lo mío era un fanatismo”.

Si en un plazo de 72 horas, en la Perrera, si nadie aparece reclamando su propiedad, los “sacrifican” (el eufemismo es usado por los encargados del llamado Programa de Zoonosis). Detrás de este término científico como aparece en los diccionarios (se dice de cualquier enfermedad propia de los animales que incidentalmente puede comunicarse a las personas), ella descubrió una rutina de trabajo tan o más cruel que muchas enfermedades transmisibles. Leer más “La protectora de animales”

Michel y Nonardo: un ser humano

 

 

Por: Alas Tensas

Michel busca, espera a Nonardo en una ciudad que pudiera ser la de sus sueños. Cree verlo pasar en un tranvía rojo. ¿Ambos han viajado desde Cuba a Praga? Se presenta en esta ciudad su novela que recibió el Premio Frank Kafka 2017. Dice en la portada del libro que el autor es Nonardo. Pero, Michel sabe que es su historia. Fue a él a quien realmente le sucedieron los días más terribles que se esconden detrás de esta trama divertida, humillaciones, abusos, soledad, desde que quería ser una niña en una ciudad machista como La Habana de los años ochenta.

A diferencia de Nonardo, casi nadie conoce a Michel. El otro se viste de mujer, gana los concursos y publica los libros, incluso filma y posa en sus propios videos, dibuja, hace exposiciones y performances provocadores que dejan una estela de rumores a través de La Habana. Michel, por el contrario, es tímido, le cuesta hablar. ¿Nonardo le ha robado sus vivencias? ¿Por qué? ¿Por qué Michel se lo permite, y, además, lo quiere, sueña con él, con su risa sin remordimientos ni amarguras, y sigue buscándolo? Leer más “Michel y Nonardo: un ser humano”

Afibola: Deconstruir la fábrica del miedo

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Por: Alas Tensas

Es de noche. La calle está plagada de ojos suspicaces. Se lee poesía, se canta y se clama en un nuevo festival alternativo “Poesía Sin Fin”, en un rincón de La Habana Vieja. Todos no cabemos dentro de la casa. El público se reúne delante de una puerta y una ventana para oír versos. De repente, cuando le toca a ella, todo adquiere otra densidad. No recita. Dice sus textos de memoria con todos sus sentidos. Poesía joven, negra, mujer. Poesía sangrada, sudada, real. Y algunos que no la conocíamos regresamos desde la calle, corriendo, para verle la cara, tomarle el pulso, saber quién se expresa así.

Comunica de una forma vital como una marcha feminista de una sola mujer que contiene multitudes, en un país que —dicen— es de poetas, donde las marchas y el feminismo no pueden salir espontáneamente a la calle y deben conformarse con ocupar las entrelíneas de la poesía. Gracias a este tipo de “artivismo”, muchas voluntades siguen actuando en Cuba, a pesar de la censura.

“Mi nombre es Afibola Sifunola Umoja, nombre yoruba. Soy artista de la palabra, hago poesía performática hace alrededor ya de 10 años. Mi poesía básicamente trata sobre los temas de la juventud afrodescendiente, en algunos poemas trato básicamente sobre eso, luego se amplió, porque ahora trato sobre la juventud afrodescendiente, lesbiana, queer, o sea, todo el mundo LGTBI cubano, en fin, todo el que se vaya incluyendo, con los años, en este Movimiento que, no diría yo que en Cuba es un Movimiento… en esta familia”. Leer más “Afibola: Deconstruir la fábrica del miedo”

Relojera sí, por qué no

Fotografía de Yaudel Estenoz

Por: Ileana Álvarez

Arreglar algo en Cuba es difícil. Sabes que no puedes botar nada porque mañana te puede hacer falta. Con el pasar de los días vas engrosando el cuarto de desahogo o el cajón de los trastes. Hasta que llega el momento en que la necesidad te impulsa a tratar de componer lo roto, aunque se te vaya el día.

En la calle Libertad está una de las principales vías de la ciudad de Ciego de Ávila, donde se anuncia: “Relojera”. Sí, relojera, no relojero, como dicen las personas que dan orientación si preguntas. Seis mujeres hacen fila: la mayoría de sus clientes son de sexo femenino. María del Carmen, la dueña de la relojería, piensa que se debe a que es la mujer quien se ocupa de llevar a arreglar los relojes, los espejuelos, los zapatos… y quizás también porque los hombres no confían tanto en las mujeres que desempeñan oficios tradicionalmente achacados a hombres.

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“Tenía que salir de mi casa”: una mujer cubana que dio un tirón de puerta

Diseño sin título
Aliusa Aguilar Rosales fotografiada por Juventina Soler.

Por: Juventina Soler Palomino

El espacio privado y su visualización desde los imaginarios femeninos es un aspecto fascinante de los estudios de género. A medida que ingreso en este terreno me doy cuenta de que existe efectivamente una (re)construcción de estos imaginarios, que, en Cuba, como país eminentemente patriarcal, se evidencia a cada paso de la mujer en su entorno.

En varios espacios que frecuento he escuchado la frase “quiero salir de mi casa”. Podría pensarse que quien lo dice está presa en su jaula de cristal o que no la dejan salir (todavía existen casos de mujeres a las que los hombres no las dejan salir de sus casas, en Cuba), y aquí viene mi asombro: son mujeres que tienen solvencia económica, y que ahora trabajan en el sector estatal, pero que laboraban en el sector de los cuentapropistas, o sector privado dentro del espacio de su propio hogar. No me fue difícil seguir observando atentamente las diferentes conversaciones, como quién no quiere las cosas, y llegar a descubrir a una de esas mujeres, pues la tenía muy cerca: ella es Aliusa Aguilar Rosales, abogada de profesión, aunque lo ejerció poco tiempo, y que ahora se desempeña como directora del Centro de Promoción Literaria “Juan Clemente Zenea” de la ciudad de Bayamo. Leer más ““Tenía que salir de mi casa”: una mujer cubana que dio un tirón de puerta”

El acoso es una forma de violencia. (Segunda parte: el acoso social)

FOTO PARTE 2 por Yaudel Estenoz
Leydi Vidal fotografiada por Yaudel Esténoz

Por: Leydi Vidal

Llegar a la universidad al fin significó, para mí, la posibilidad de no solo cumplir mis sueños profesionales sino escribir de otra manera mi historia en sociedad, empezar de cero y batallar contra mi timidez para incluirme en los grupos y ser aceptada, en medio de un contexto que debía serme mucho más favorable puesto que las personas a mi alrededor compartían muchos intereses y gustos parecidos. Claro, la cosa no es tan fácil así, puesto que también están los estereotipos sociales de femineidad a los cuales yo no me amoldaba ni me amoldo aún: el aspecto físico, pues seguía teniendo sobrepeso; el cómo me muestro al mundo, pues nunca he sido presumida ni doy demasiada importancia al maquillaje, la ropa de moda, o los accesorios “femeninos”; mis elecciones de vida, puesto que tuve pocos novios, y no tenía sexo por tener sexo como la mayoría de las de mi edad, por lo que fue a los 22 años que tuve sexo por primera vez; mi conducta personal, tímida, introvertida. No obstante, luché por lograrlo. Y cuando en 1998 logré quedarme en un convento de las Religiosas de María Inmaculada —quienes tienen como carisma a las jóvenes que se encuentran fuera de su entorno familiar por estudios o trabajo—, desde tercero a quinto año de mi carrera de Letras en la Universidad de La Habana, me sentí mucho más protegida. Leer más “El acoso es una forma de violencia. (Segunda parte: el acoso social)”